sábado, 9 de febrero de 2008

Toffler 1. Un enfoque marxista.

LAS TESIS DE ALVIN TOFFLER ¿LOS ARGUMENTOS DEL FIN DE LA HISTORIA?

Autor Invitado: ALBERTO GONZÁLEZ TEJERA (Cuba).


1.Restar importancia a las teorías de Marx siempre ha sido un objetivo de los ideólogos burgueses, en especial blanco predilecto de esos ataques ha sido la teoría de las clases yla lucha de clases. 2. El propósito es evidente: desacreditar, confundir, demostrar que el enfoque clasista es algo superado por la “nueva realidad”. En este último sentido se mueven las concepciones del politólogo estadounidense Alvin Toffler, quien en un pasado ya remotose había declarado marxista.3. Comienza Toffler valorando históricamente el impacto de las ideas de Marx en su época.4. “Después de Marx, ya no fue posible pensar en la tecnología de la misma forma que antes. Ya no resultó posible ignorar a las clases. Ya no fue posible ver la Historia como una continuidad sin rupturas. Ya no resultó posible considerar la política y la economía como unas categorías separadas herméticamente. El ignorar a Marx en el mundo de hoy es ser semianalfabeto.” (Toffler, 1983: 214)5. Si embargo rápidamente califica a la teoría de Marx de: “fuera de moda y equívoca”.(Toffler, 1983: 214)¿Cuáles son los argumentos que maneja Toffler para declarar fuera de época al marxismo?6. El enfoque de Toffler no puede aparentar ser más objetivo y neutro. Parte del impacto en la vida social de tres olas de cambios tecnológicos.7. Según el, hace 10 000 años comenzó la primera ola de cambio con el surgimiento de la agricultura.8. La segunda ola sobreviene entre mediados del siglo XVIII y principios del XIX con larevolución industrial. Está ola creó dos civilizaciones típicas el capitalismo y elsocialismo. La teoría marxista es un reflejo de la situación originada por el industrialismoen el seno de la sociedad capitalista. Pero en su criterio el enfoque marxista sólo es aplicable a aquella situación, donde los obreros fueron duramente explotados y maltratados por el capital, y en el mundo de hoy el enfoque clasista de los fenómenos sociales sólo puede ser aplicable a países donde se repita una situación como esa. Al respecto afirma “mi punto de vista es que el análisis original de Marx fue maravillosamente inteligente, por toda su asombrosa complejidad, pero fue también y es unidimensional” (Toffler, 1983: 217)9. Para Toffler la Tercera Ola de cambio llegó primero a Estados Unidos, en 1956 cuando, por primera vez, el número de trabajadores de la esfera de los servicios (empleados del comercio, la administración, las comunicaciones, la enseñanza, etcétera)superó al de los trabajadores industriales. En la visión Toffleriana la nueva economía, basada en el conocimiento, el valor de una empresa se mide por la capacidad para adquirir, generar, distribuir y aplicar estratégica y operativamente los conocimientos, las producciones se desmasifican (se caracteriza por series cortas de productos para satisfacer determinadas necesidades de segmentos específicos del mercado), las escalas se reducen, tanto en el número de obreros de las empresas (son colectivos laborales pequeños y diferenciados), como en las series de productos, hay un predominio de las firmas pequeñas, en ella la innovación, es vital para poder sobrevivir en la competencia. En ella la organización de la empresa cambia, ahora es necesario realizarla en torno a los procesos productivos y no a losmercados. 11. Desde el punto de vista clasista, Toffler. Enfoca el cambio de la siguiente forma, al disminuir las tareas manuales en la economía, el “proletariado” es ahora una minoría,crecientemente reemplazada por un “cognitariado” (Toffler, 1995: 68) o sea, por un trabajador que utiliza el conocimiento como herramienta fundamental en su trabajo. Esta concepción de “trabajadores de la mente” es una generalización de dudosa cientificidad,ya que engloba tanto a trabajadores de los servicios, como a trabajadores de la producción material.¿Qué características tiene el cognitariado?12. “El cognitariado posee una información organizada, imaginación y otras cualidades culturales esenciales para la producción. Cuenta con los medios para producir más información. Posee lo que puede ser considerado, un bien tan esencial como las materiasprimas, o, alternativamente, un equipo de herramientas mentales. De esta forma llega a la mesa de negociaciones con más poder de lo que jamás hiciera el proletariado” (Toffler,1983: 130)13. Para Toffler el propio desarrollo de la capacidad intelectual del proletariado, algo necesario teniendo en cuenta el avance de la producción constituye “su propiedad” y lo iguala al capitalista.14. “En esta economía, el recurso crucial es, el conocimiento y esto es lo que hace a la economía de la Tercera Ola revolucionaria, pues en oposición, a los recursos finitos de la tierra, las materias primas e incluso del capital, el conocimiento es inagotable, puede ser utilizado por muchas empresas y puede ser usado para generar más conocimiento.(Toffler, 1995: 50—51)¿Es el conocimiento, en tanto producto del desarrollo histórico de la humanidad, unartículo libre? ¿Podemos usarlo sin restricciones como dice Toffler?15. La respuesta es obvia, los acuerdos sobre la propiedad intelectual que imponen las multinacionales no dejan el menor margen a la duda. Hoy el conocimiento es propiedad privada y ha sido celosamente protegido. Por tanto, los propios conocimientos generados en el proceso laboral, no son propiedad del trabajador sino que siguen siendo propiedad del capitalista, como era en la época de Marx. Poco ha cambiado el capitalismo desde entonces en sus esencias.16. El señor Toffler, antiguo marxista oculta deliberadamente la esencia de la explotación capitalista, descubierta por Marx a partir del desarrollo consecuente; de la teoría del valor trabajo de la economía política clásica inglesa. Reconoce que, el trabajo durante la sociedad industrial fue brutal y miserable y que “En realidad la brutalidad del trabajo contribuyó de forma directa a los beneficios. Cuanto más fuertemente se exprime a la gente, más dinero se consigue.” (Toffler, 1983: 49)17. Sin embargo, plantea que, en las empresas de la tercera ola la brutalidad es contraproducente y que las empresas ya no aumentan sus beneficios esclavizando a sus empleados. Toffler, identifica brutalidad con explotación, si bien es cierto que las luchasobreras han logrado reducir la brutalidad y que en las nuevas condiciones de la producción, la atmósfera que requiere un trabajo creador prácticamente la descarta, no nos aclara, cómo esas empresas ahora obtienen sus “beneficios” y mucho menos nos precisa, propiedad de quién son los nuevos conocimientos que constituyen el fruto del trabajo.18. También tiene que reconocer, que el incremento del número de trabajadores de los servicios, no elimina a los trabajadores industriales, sólo se reduce su número. En su criterio los Estados Unidos seguirán siendo un país con producción industrial, como lo es en la actualidad, con una desarrollada producción agrícola a pesar de que esta rama ocupe menos del cuatro por ciento de la población económicamente activa de ese país y es muy probable que el número de obreros se aproxime a esa cifra. Sin embargo los trabajadores del sector terciario de la economía, a pesar de sus diferentes condiciones de trabajo, forman parte de la clase obrera. Clase social que ahora enfrenta el proceso de internacionalización del ciclo completo de la reproducción capitalista. En este proceso que llamamos globalización se desdibujan los contornos del proceso productivo al internacionalizarse.19. El momento es particularmente propicio para alcanzar el viejo sueño de la burguesía dividir al proletariado. Cuando Marx desde las líneas del Manifiesto Comunista llamaba a los obreros a la unidad internacional expresaba una necesidad de su tiempo, este llamamiento tiene ahora una vigencia total. La Unidad obrera tiene que rebasar los marcos nacionales, pues como bien expresara el genial pensador, el capital no tiene patria. No son los trabajadores de las zonas francas de República Dominicana, los que privan de su empleo a los trabajadores de los circuitos industriales de Chicago o Pittsburg como insisten los patronos. Son los capitalistas buscando maximizar sus ganancias los que desplazan el capital hacia las zonas más pobres del mundo, allí donde es posible pagar salarios mínimos.20. Asombrosamente, para los capitalistas no prevé ningún cambio, sólo plantea queexiste un conflicto entre los propietarios de las empresas de la segunda y tercera olas. ¿Cómo es posible, que el cambio generado por la tercera ola, transforme toda la sociedad capitalista, incluyendo al propio capital, y no genere ninguna transformación, en la clase portadora de la sociedad capitalista?21. Obviamente para Toffler la lucha de clases ya no tiene sentido, pero, ¿puede existir una sociedad sin contradicciones? La respuesta de Toffler es bastante antidialéctica e inconsecuente con los postulados que fundamentan su teoría22. “El conflicto en la sociedad no solo es necesario sino también, dentro de ciertos limites, deseable”. (Toffler, 1995:122)¿Cuál es el conflicto más importante en que está envuelto el mundo en la actualidad?23. “El conflicto entre los grupos de la segunda y la tercera olas constituye, de hecho, la tensión política crucial en nuestra sociedad actual. Como veremos, la cuestión política fundamental no es quién domina en los últimos días de la sociedad industrializada, sino quién configura la nueva civilización que surge rápidamente para reemplazarla. A un lado estan los partidarios del pasado industrial; al otro, cada vez más millones de personas que comprenden que los problemas más urgentes del mundo no pueden resolverse ya dentro de la estructura del orden industrial. Este es el conflicto es la "superlucha" por el mañana." (Toffler, 1995: 30)24. Para Toffler el origen del conflicto político que vive el mundo actual tiene su base enel advenimiento de la tercera ola y en su colisión con las anticuadas economías einstituciones remanentes de la segunda ola. Es sencillamente un conflicto entre elites dominantes.25. Según este autor, mucho depende de la flexibilidad e inteligencia de las elites,subelites y súper elites de hoy. La super lucha por el poder entre las elites de la segunda y tercera olas ya dio comienzo.26. Guiándonos por su óptica, y la Teoría del Conflicto que la sostiene, toda relación humana, estará entrecruzada por dos procesos estrechamente relacionados entre sí, elconflictivo y el integrador.27. La interrelación de dichas elites aunque sea conflictiva, siempre existirá un mínimode entendimiento y reciprocidad, reglas de lucha, o quizás el acuerdo de hallarse endesacuerdo.28. Si ambas elites pertenecen al mismo grupo social (empleemos ese término ya que elde clase social no es bien visto por Toffler) y se dedican a actividades económicas ensectores diferentes, persiguiendo ambas el mismo objetivo, la maximización de sus ganancias, además por las propias características que impone la revolución científico técnica, el uso intensivo de los conocimientos científicos va penetrando cada vez más enlas industrias de la segunda ola, podemos ver que dichas elites tienen más elementos integradores que conflictuales. Cuando más las elites emergentes necesitan, modernizar elsistema político, para poder garantizar la realización de sus intereses.29. Pero, la lucha por el poder ¿será solo una lucha entre las elites? Dónde quedan reflejados los intereses de la enorme diversidad de actores sociales, que surgen el primer mundo a partir del advenimiento de la tercera ola. A pesar de reconocer que para crear la nueva civilización, se requiere de las energías de pueblos enteros. ¿Qué papel juegan esos pueblos en la super lucha que avizora? Toffler es incongruente en sus planteamientos alno considerarlos como sujetos políticos a tomar en cuenta. Reduciendo el conflicto político a lucha entre elites de diferentes olas.30. Es bien cierto que el mundo ha cambiado, que han aparecido nuevos actores y movimientos sociales debido al proceso de reestructuración capitalista, fenómeno quedebe ser estudiado a profundidad por el pensamiento marxista, pero desde el punto devista de las esencias, la teoría de las clases y la lucha de clases como motor impulsor de los procesos sociales mantiene su vigencia.31. El enfoque de Toffler, desde la óptica de la tercera ola del futuro político, es manipulador de la realidad, está fuertemente politizado, ofreciéndonos una imagen idílica, donde el necesario cambio del sistema político es sólo un proyecto de cambio cosmético dejando intactas las relaciones de poder, nos presenta una posible evolución del sistema político norteamericano, como una transformación cualitativa que eternizaría el sistema capitalista. BIBLIOGRAFÍA. Toffler Alvin: (1983) Avances y premisas. Plaza & Janés, Barcelona, 1983.Toffler Alvin y Heidi: (1995) La creación de una nueva civilización. La política de la tercera ola. Plaza & Janés, Barcelona, 1995.
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LIBERTARIO (Artículo recomendado)

Jose Antonio de Sucre

De Boletín 1 - Museo de Arqueología y Antropología: 2001

LA BATALLA DE AYACUCHO: HACIA UNA VISIÓN DE LOS VENCIDOS

El Perú desde sus orígenes más remotos fue un país de contrastes, donde se articularon estructuras socioeconómicas y étnico-culturales que generaron profundas brechas entre los distintos sectores sociales que habitaron en su territorio. Esta característica de la sociedad andina sufrirá un mayor transtorno con la conquista española y el virreinato que agudizaron esta división social, fragmentando al país en "blancos" e "indios". Situación que, a pesar del cambio político inaugurado con el nacimiento de la República, ha sufrido poca modificación.El siguiente artículo presenta sucesos que gráfican esta división social entre "blancos" e “indios”; en los orígenes mismos de la República, los cuales pueden servir para reflexionar sobre el Perú de nuestros días (N. E).El Perú fue siempre un país difícil de explicar y aún de entender, a causa de su contradictoria conformación y hasta de su esencia misma, tan rica y variada. La historia, por cierto, no escapa a estas trabas. Las hondas escisiones raciales, sociales y culturales y la despiadada dominación interna, complican la comprensión de los hechos pretéritos. Peor todavía, la historia oficial desdeña las condiciones que caracterizan a nuestra patria y suelen marginar sucesos dolorosos, así como a los protagonistas populares.La Batalla de Ayacucho, que definió la independencia de América el 9 de diciembre de 1824, no es una excepción a estas apreciaciones.Al contrario, en las descripciones que hemos leído del celebre encuentro se observa que el Perú fue doblemente vencedor en la Batalla de Ayacucho. Los soldados de nuestra patria, agrupados en el batallón Husares de Junín y en la Legión Peruana, ganaron la contienda combatiendo al lado de hombres de otros pueblos americanos, todos bajo las banderas bolivarianas de Antonio José de Sucre, general predilecto de Simón Bolívar. Mas el Perú, circunstancia que por lo común se olvida, ganó también esa batalla con otros de sus hijos, aunque trágicamente. Nos referimos a los patriotas quechuas, aimaras y mestizos que, llevando a la fuerza el uniforme virreinal, actuaron a su modo, subrepticiamente, en el seno mismo del ejército de Fernando VII, Rey de España, conspirando, negándose a combatir, suicidándose, desertando y por ultimo, sublevándose a tiro limpio al término de la jornada del 9 de diciembre.El enunciado de estos conceptos obliga a recordar que en Ayacucho el llamado ejercito “ español” era mayoritariamente peruano. Los españoles integrantes de aquel ejército fueron una pequeña minoría, ni el seis por ciento del total. Ellos sumaban, en efecto, algo más de quinientos hombres entre unos siete mil quinientos efectivos. Los demás eran soldados quechuas, aymaras, mestizos y algunos sargentos negros. Los oficiales criollos, sobre todo los del Perú, comandaban estas tropas.Conviene precisar que durante varios años España contó con excelentes tropas indígenas, muy disciplinadas y valientes. Pero estos cuerpos se habían debilitado mucho tras catorce años de guerra y, en los últimos meses, debido a las campañas del general Gerónimo Valdez, liberal, contra el general Pedro Antonio Olañeta, absolutista en el Alto Perú.Por años militaron con tanto denuedo merced a una disciplina que se remontaba al tiempo de los Incas y sobre todo, a causa de la supresión gradual del tributo, que en España habían acordado las Cortes de Cádiz de 1811, junto con otras medidas progresistas coma la abolición de la mita. Estos lineamientos políticos no siempre contaron con el voto de los diputados de América.


Pero desde la promulgación de tales leyes había transcurrido un buen tiempo. Fernando VII, restablecido en el trono tras la derrota de Napoleón, había repuesto el absolutismo y derogado. Todas las disposiciones de las Cortes de Cádiz. Claro que los militares españoles distaban mucho de aplicar en la práctica el cobro del tributo, pero el trato semi-feudal era mantenido por los propietarios criollos, que en su mayoría se alineaban con las banderas del Rey. Asimismo, el maltrato era norma común entre la mayoría de oficiales. Por otro lado, cundía el desaliento en las comunidades en medio de una guerra que no tenía cuando acabar (catorce años, en los tiempos de Ayacucho) y consiguientemente la sangría indígena de quechuas y aimaras continuaban. Por otra parte, las nuevas ideas separatistas, habían ganado o neutralizado a fuertes porcentajes de una tropa que antes se había caracterizado por su ciega disciplina. Para colmo, la propia España vivía una segunda revolución liberal entre 1820 y 1823, que seguía dividiendo a la oficialidad que luchaba en América. Del derrumbe de este movimiento peninsular sólo se tuvo noticia en el Perú a principios de 1824.De igual modo los soldados del Virrey José de la Serna "con pocas excepciones eran indios peruanos”, anotaría el viajero alemán Henrich Wit el describir esa tropa “española”,al escuchar a testigos en su paso por el paraje de Quinua. Este señor, que fuera el primer viajero culto en transitar por estos sitios. Diría que los “soldados indios, con su sombría, melancólica y desconfiada personalidad no podían irradiar ni una gota de entusiasmo a sus jefes españoles”.El encuentro de Ayacucho ha sido narrado numerosas veces, pero siempre desde el punto de vista de los vencedores. Sabemos así como «la Legión Peruana sostuvo con gallardía su reputación» junto a las fuerzas grancolombianas y las de otros lados del continente, tal como Sucre dejó constancia en el parte oficial de la victoria. Los Húsares de Junín «recordaron su nombre para brillar con su valor especial “ enfatizó el mismo Sucre y así fue, al extremo que veinticinco de ellos que carecían de caballos tomaron mulas de carga a fin de compartir riesgos y glorias con sus camaradas. Esta información la menciona el capitán (y luego mariscal) Guillermo Miller en sus Memorias (1910). Conocemos, asímismo, el pundonor que derrocharon los anónimos reclutas peruanos, que habían ido cubriendo las bajas de las unidades grancolombianas a lo largo de dos años de campañias.Juzgamos, sin embargo, que todas estas descripciones resultan insuficientes y aun injustas por incompletas. Y como no existe medalla sin reverso, trataremos ahora sobre el choque de Ayacucho, “desde la perspectiva ,de los vencidos”, apelando al testimonio de quienes allí pelearon en el partido del Rey.Al hacerlo enfatizaremos el papel decisivo que representaron los soldados andinos anónimos enrolados por la fuerza en ese ejército. Veremos así que, muchos de estos, eran prisioneros de guerra, forzados a batirse en pro de una causa que les era indiferente o les repugnaba, compelidos por una cruel disciplina carcelaria. Ese 9 de diciembre aprovecharon la ocasión para ayudar al bando patriota, que era, en todo caso, al que sentían más propio. Lo hicieron desertando en masa en plena acción y aún peleando al final contra sus propios capitanes.Nos proponemos revelar en estas páginas, que en el seno del ejército del Rey, vale decir en el del Virrev La Serna, sectores patriotas embozados, conspiraron e hicieron cuanto pudieron para captar adeptos. Resaltaremos que en ese ejército existió desde mucho antes de la batalla una sorda conjura patriota, expresada en la deserción (a veces en grupo), en los pasquines, en los suicidios, en la indisciplina frente al enemigo ,caso de Junín. Pero, el extremo del amotinamiento, había de presentarse únicamente en Ayacucho.Por estas razones resulta factible sostener que, en cierta forma, gran parte de los peruanos quechuas, aimaras y mestizos, que combatieron forzadamente bajo el emblema del Rey de España, ganaron también, a su modo, la batalla de Ayacucho. Influidos por el surgente sentimiento de patria y arrastrados por ancestral rencor a todo lo hispánico, coadyuvaron notablemente al éxito patriota, al punto que resulta factible afirmar que sin aquel extraño e imprevisto concurso, Sucre pudo haber perdido el encuentro. Como, además, lo temían tantos patriotas, fatigados ya de retirarse leguas y leguas ante el ejército rival y que actuaban, no lo olvidemos, en tierra enemiga, porque los iquichanos de Huanta, empujados por prédicas calumniosas, venían dando apoyo a los del Rey, y también los indios de Huando, pueblo muy grande de Huancavelica. En cuanto a los morochucos, poco se supo de ellos en aquellos días decisivos.Así, primero durante la campaña de Ayacucho y luego en plena batalla, los soldados peruanos del ejército de España ayudaron en 1824 a sus aparentes adversarios, a esos obligados enemigos que eran en verdad sus hermanos en la común opresión sufrida. por esta opresión prolongada, tenaz, peligrosa, pagaron un precio altísimo en vidas, en especial en la jornada final. Sus silenciosos esfuerzos, de minar en su base al ejército del Rey, no fueron jamás reconocidos; aún más, en el bando patriota ni se sospechaba el nivel alcanzado por las maquinaciones secretas en los campamentos virreinales. Desconocimiento que habría de influir en la matanza de Ayacucho.EL PERÚ DIVIDIDOEl Perú oficial fue el escudo y la espada de España durante las guerras de Independencia de América (1809-1826). Esta circunstancia lamentable fue el resultado de las acentuadas estructuras semifeudales y del sojuzgamiento a que los criollos sometían a la población nativa. El oro de Lima pagó catorce años de campañas incesantes, en las cuales tropas de nuestro país - indios y negros- fueron carne de cañón para sostener y restaurar el pendón español en el continente. Por un larguísimo período, las fuerzas virreinales del Perú se pasearon victoriosas por los campos de América. Varios de los mejores hombres de guerra de aquel período fueron criollos del Perú, como el general José Manuel de Goyeneche, auténtico Salvador de España. Los actuales territorios de Argentina, Ecuador, Chile y Bolivia sufrieron la acción de las armas virreinales peruanas y fueron devueltos al Rey.Todo ello sin incluir la feroz represión de patriotas en el frente interno, como ocurrió con los sublevados que estuvieron al lado de los hermanos Angulo-Pumacahua-Melgar (1814-181 5); movimiento que alcanzó a cubrir vastas áreas de los virreinatos del Perú (Ayacucho, Huancavelica, Abancay, Puno, La Paz, aparte del Cusco) y de Buenos Aires. Esta rebelión fue aplastada, finalmente, con las tropas quechuas del general Juan Ramírez y su fiel lugarteniente, el comandante Agustín Gamarra, en Umachiri. Esta sublevación casi sin historiografía (¿?)- alcanzo a tocar los linderos del actual departamento de Lima, pero fue en vano, pues el Perú oficial se hallaba envuelto en la causa del Rey de España.Semejante despliegue se explica porque toda la aristocracia criolla colonial peruana salvo contadas excepciones- sostenía a España. El desprecio por los indios y el temor a lo indio desde Túpac Amaru (17801783) acercaban excesivamente a los criollos y españoles. No olvidemos, además, que bajo el dominio de la metrópoli, nuestra nobleza criolla, en especial la limeña, había gozado de una relativa hegemonía continental, disfrutando durante un lapso prolongado de un status, que alguna vez Jorge Basadre definió como una especie de “cogobierno” entre ellos y los funcionarios peninsulares.Pero frente a tendencias pro-hispánicas, en nuestra país fueron irguiéndose fuerzas de renovación y hasta de revolución. El frente colonial del Perú estallo con la sublevación del Cusco, arriba citada (1814-1815) y su recomposición fue defectuosa. Al llegar San Martín y, luego, Simón Bolívar, las tendencias autonomistas -motivadas desde distintas vertientes- se consolidaron en diversas regiones, mientras el país se iba disgregando en confusas guerras fratricidas de caprichosas trayectorias.Es así como en diciembre de 1824 el país se encontraba tan anarquizado, que se desangraba en varios frentes de guerra. En este período es posible identificar hasta seis fuerzas armadas peruanas completamente distintas, que combatían todas ellas por el dominio del Perú. La primera de ellas fue la que venció en Ayacucho, alcanzando cerca de un tercio del total de los efectivos patriotas al mando de Sucre. La segunda fuerza armada, que peleaba por la causa del Rey de España, congregaba a soldados peruanos engañados o forzados, los cuales representaban el 95% del total de los combatientes, que fueron aproximadamente ocho mil. En las presentes páginas trataremos sobre éste último ejército. El tercer grupo se hallaba conformado por los montoneros patriotas, que serían unos cinco mil en todo el país, esencialmente entre Lima, Junín, valle del Mantaro, Huamanga y Huancavelica, que fue luego asimilado, en buena proporción, a las filas patriotas del ejército del Perú. El cuarto sector fue el de los montoneros del Virrey, vale decir los que luchaban por la causa del Rey de España, unos dos mil en opinión de Sucre. Luego, venía el quinto núcleo, que representaba en aquel momento al Perú oficial, al Estado peruano, el que se había refugiado en los Castillos del Callao, bajo el Gran Mariscal y presidente Torre Tagle, quien había defeccionado del bando patriota y luchaba bajo las banderas del Rey de España y de su representante en el lugar, el general Ramón Rodil; con el presidente del Perú estaban felonamente el vice-presidente, el aristócrata Diego de Aliaga, conde de Lurigancho. Según Jorge Basadre ellos eran seguidos «por los miembros del gobierno, por numerosos diputados, y aun por ciento cinco oficiales y por los escuadrones peruanos acantonados en los alrededores de Lima», y que luego recibirían refuerzos de negros e indios traídos de Ica y de Arequipa por la flota del Perú, que también volvió velas a fin de combatir por la causa española, que en ese momento era ya de la Santa Alianza. El sexto ejército fue, en ese diciembre de 1824, el del general español Pedro Antonio Olañeta, en el Alto Perú, con cuatro mil soldados.Un caso especial lo representaría el pequeño ejército de Bolívar, que indesmayable marchó de inmediato a conquistar Lima, tras el desaire (¿traición?) del Congreso de la Gran Colombia. Se fue desde las alturas mantarinas a Chancay, con una pequeña escolta grancolombiana y las bravas montoneras del cura Bruno Terreros; para entonces ya se había reconciliado con Manuelita Saenz. Maniobras políticas lo habían destronado del mando del ejército de su patria y Sucre con casi toda la oficialidad habría querido sublevarse contra esa ley tan injusta que le prohibía comandar tropas de su país. ¡A tanto llegaba el rencor y quizá la envidia del general Francisco de Paula Santander, vicepresidente de la Gran Colombia y Presidente en ejercicio!EL PATRIOTISMO DE LOS DESERTORESCuando Bolívar inició la campaña final por la Independencia del Perú, el Virrey contaba desde el Cusco con unos quince mil soldados: peruanos en su gran mayoría. Buena parte de ellos eran veteranos en combate y casi siempre habían salido vencedores.Aquel ejército virreinal había sufrido una conmoción a raíz de alzamiento de Olañeta en el Alto Perú .La Serna remitió a su mejor general, Gerónimo Valdez, con tropas escogidas, pero este no alcanzo a vencer del todo, a pesar de la ferocidad con que se peleó. Fue una guerra civil española de absolutistas (Olañeta) contra constitucionalistas (La Serna).Esto sucedió en el sur. En el norte, un revés sumamente serio fue Junín, no tanto por los caídos en acción sino por las consecuencias morales de la derrota. Ante un Bolívar victorioso, Canterac tuvo que emprender una retirada veloz porque su ejército empezó a deshacerse, entre deserciones masivas, que se sumaban a las bajas provocadas por las escaramuzas con montoneros peruanos. En un par de semanas dos mil de sus soldados se le esfumaron en medio de las cordilleras centrales del Perú. Numerosos fueron los que se asimilaron a las guerrillas patriotas.Entre finales de agosto y los principios de setiembre de 1824, el Virrey La Serna logró, sin embargo, la proeza de constituir un nuevo ejército. El Cuzco fue eje de tan encomiable esfuerzo bélico. Los contingentes estuvieron formados por los soldados que Valdez trajo del Alto Perú, vencedores a medias, y los vencidos en Junín que aportaba Canterac. Pero, fundamentalmente, esas nuevas huestes fueron integradas mediante precipitadas levas de gente colecticia, entre Huamanga y Cochabamba.Urgido por las circunstancias, el Virrey cometió un error capital, el de incorporar en sus filas a los prisioneros de guerra, a los quechuas, aimaras y mestizos vencidos en encuentros anteriores. Soldados y montoneros patriotas cautivos fueron así arrastrados a combatir por el Rey siguiendo un método vertical que se había venido aplicando, pero que se tornaba peligroso para España dentro de las circunstancias propias de 1824.Con tan dudosos refuerzos, las tropas que salieron del Cusco en octubre de 1824, a fin de combatir contra los patriotas; sumaban cerca de nueve mil quinientas plazas y al frente se encontraba el Virrey La Serna. De tan elevado número, hasta fines de noviembre, se produjo “una horrorosa baja del ejército, entre muertos, enfermos y desertores, sin embargo de haber reportado ventajas en todos los pequeños encuentros que había ofrecido , por lo que contaba menos de siete mil hombres”, según el Mariscal Gerónimo Valdez, el mejor soldado de España en los Andes y autor de celebres escritos de la época.Así, por boca del primer guerrero español sabemos que una verdadera quinta columna había ido desertando en buena cantidad en esos meses postreros y decisivos. Reparemos también como los guerrilleros peruanos perdieron todos los encuentros, pero con su constante misión de desgaste - el “muerde y huye” -habían mermado de modo tremendo al ejército del Rey, matando e hiriendo a cierto número de virreinales, desalentando a muchos y ganándose moralmente a otro tanto.El más celebrado de los memorialistas de las guerras separatistas del Perú, el general español Andrés García Camba, sostuvo por eso que en nuestro país, cuando la campaña de Ayacucho (que el hizo íntegra) ,pocos eran los soldados que inspiraban la debida confianza.Contra lo que pueda creerse, semejante juicio de quien libró varias guerras en el Perú no resulta excesivo; al contrario, como se verá, es mas bien moderado, si nos atenemos a los acontecimientos mismos. Otros participantes en el conflicto fueron bastante mas drásticos en sus apreciaciones sobre la fidelidad y la obediencia de sus tropas indígenas durante esos meses postreros.El varias veces citado, Valdez fue quien se refirió con mayor claridad a “estos males” .Al fin y al cabo sufrió más directamente la realidad de las deserciones y el socabamiente .Señaló así que en el ejército del Rey “los generales no podían contar con sus soldados, cuando los perdían de vista por cualquier motivo” y que el soldado “que se separaba con cualquier pretexto no volvía a reunirse jamas”.Semejante inseguridad perturbaba toda la marcha del ejército virreinal, obligando a un exceso de vigilancia de parte de los grupos españoles. Bastara decir que, como no podían llevar a todos a la vez, la gente que custodiaba tenía que «hacer dos o tres viajes por leña y agua”. Tal era la magnitud cotidiana de la crisis interna. Y por la misma razón «era muy opuesto el Virrey a enviar partidas en busca de ganado, porque en tales ocasiones era segura la deserción», como lo cuenta Miller. Peor era en las noches, en que las sombras propiciaban la evasión.En cierta ocasión en que las tropas del Rey marchaban de noche, sólo en tres horas se produjo «la deserción de la mayor parte de la Compañía de Cazadores del Primero del Imperial Alejandro», un cuerpo distinguido.En su «Refutación» Valdez agregaría una amarga información castrense “Los enemigos, bien cerciorados de este estado, no temían nada por la noche, cuando ellos podían maniobrar y moverse libremente”, en cambio los soldados del Rey vivían “encerrados en cuadros formados por europeos, especialmente de noche”. Aunque dificultades parecidas enfrentaban los jefes españoles en pascanas, a la luz del sol, entre pupas, abismos y cordilleras nevadas.Miller habría de recordar como los jefes españoles “en cualquier punto donde hacían alto los cuerpos acampaban en columna y ponían alrededor un círculo de centinelas de los soldados de más confianza , además de estos centinelas un gran número de oficiales estaban siempre de servicio y ningún soldado podía salir de la línea de ellas con cualquier pretexto que fuese”.LAS CAUSASAdemás de las guerras contra los independentistas, el ejército del Rey se desangró durante la insurrección absolutista de Olañeta, en el Alto Perú: “sangrienta campaña [...] la más mortífera y desoladora que hasta entonces se había hecho en el Perú , como lo comentó Valdez. Cayeron en ambos bandos bastantes españoles y criollos virreinales, pero sobre todo las tropas quechua y aimara cuya disciplina y experiencia de fuego había garantizado el orden hispánico en América desde 1809.

En un documento expedido en España, Valdez habría de expresar con su habitual franqueza: las bajas - escribió- fueron cubiertas siempre «con indios tomados a la fuerza y embebidos en los cuadros sin instrucción y disciplina, y a quienes era preciso campar en cuadro o en columna con los oficiales y sargentos a los extremos».La situación se agravó a raíz de los acontecimientos de 1824. Aludiendo a lo ocurrido en el Alto Perú, el desastre español en Junín y a otras operaciones andinas, García Camba no puede menos que reconocer que en los meses finales de 1824, el ejército del Rey se componía de “naturales del país, algunos procedentes de guarniciones pasivas, varios reclutas tomados sobre la marcha por los cuerpos del sur y de considerable número de prisioneros y pasados al enemigo».Esta situación tan incierta de la tropa indígena y mestiza originaba desazonas y desconfianza entre españoles y criollos virreinales. Era un ejército carente de espíritu de cuerpo.Ya no corrían los tiempos de Abascal y de Pezuela. Ya no era factible tampoco formar veteranos, ni imbuirles ideas. Menos podían aplicar una disciplina formal. Para hacer cumplir las normas, los jefes españoles apelaron al terror y a la vigilancia de los soldados como si estos fuesen presidiarios.LAS NUEVAS IDEASLos virreyes del Perú había sostenido la lucha en los Andes y en el mar americanos (1809-1824) sobre la base de unos pocos miles de españoles y criollos que comandaban una mayoría de tropas oriundas del Perú: indios, negros y mestizos que adquirieron veteranía y gran capacidad de lucha. Cuando Bolívar en su famosa proclama de Rancas, antes de Junín, advierte a sus hombres que “los enemigos que debeis destruir se jactan do catorce años de triunfos” sabe que ese enemigo es básicamente peruano, pero también conoce que ya las condiciones no eran las mismas en esos promedios de 1824. Las huestes virreinales vencedoras en tantas guerras ya casi no existían; de españoles quedaban menos de 600 y de las excelentes tropas quechuas, aimaras y negras de las etapas iniciales apenas restaban puñados. Los vacíos por bajas en las tropas virreinales se fueron cubriendo con personal campesino reclutado a última hora. Esa tropa estaba menos entrenada y menos segura ideológicamente y se descubría a veces minada ya par la propaganda patriota.Uno de los métodos más eficaces en la tarea de desintegrar la moral de los virreinales fue el envío de propaganda sediciosa, tarea en la cual destacó el coronel de montoneras Marcelino Carreño, que era tan valeroso en los combates cuanto hábil en estas acciones de infiltración; papel relevante le tocó igualmente a Miller, quien, casi divirtiéndose, gustaba hasta de fraguar cartas y documentos a fin que adrede fuesen tomados por el adversario y quedase desorientado respecto a datos políticos y militares.Por otro lado, los militares del Rey, en diálogos constantes de campamento, en trato con ex-montoneros y ex-soldados patriotas, asimilados a la fuerza al ejército, aprendieron más de la cuenta, se fueron ,politizando, (lo cual no sucedía en el trío de las rudas y aisladas montoneras quechuas virreinales).Bastante gente de tropa del Virrey sufrió en esos meses, aunque lentamente, el mismo grado de asimilación de las ideas patriotas que hombres como Andrés de Santa Cruz, José de La Mar, Ramón Castilla, Agustín Gamarra y muchos otros oficiales que desde 1821, se fueron pasando del ejército del Rey al ejército patriota, conforme iban entendiendo la justicia de la insurrección o par otras razones. El propio Carreño, el más importante de los jefes guerrilleros peruanos parece haber sido en sus inicios un capitán de las huestes españolas.LA SEVICIAPero existió un motivo más que alentó las deserciones en ese período, causa que los generales españoles, se cuidaron muy bien de no mencionar en sus informes y memorial. Nos referimos a la disciplina brutal que habían llegado a imponer a las nuevas tropas quechuas y aimaras en 1824.El coronel Juan Bustamante, uno de los tantos próceres peruanos olvidados, fue - aparte de buen guerrero- un escritor de garra. Es él, principalmente, quien nos habla de la cruel disciplina reinante en el ejército virreinal y de los entrenamientos en campos de concentración como Huancayo:“El sólo nombre de Huancayo (escribe) infundía en toda la juventud indígena un terror, una desesperación difícil de pintar. Es constante haber habido reclutas que antes de salir de la cárcel de sus pueblos en la cual se les ponía por razones de seguridad se cortaron los tendones de las corvas y otros de los talones inutilizándose por ese medio atroz”. Cuenta, asimismo, que marchaban esposados o amarrados en colleras, para evitar las fugas. Las deserciones se castigaban con palo y látigo, pero al extremo de matar con frecuencia a los sancionados o de inutilizarlos de por vida; a las heridas se les echaba sal. A otros les cortaban las orejas: “ya me llevan, ya me llevan, a las pampas de Huancayo”, decía en aquel tiempo la triste melodía de un huayno.

Por estos razones, los suicidios fueron frecuentes entre los soldados, quienes a veces se metían un tiro de sus propios fusiles, pero más frecuentemente se arrojaban a los abismos o a los ríos caudalosos.LOS SUICIDIOS EN CORPAHUAICOCorpahuaico fue una rotunda victoria virreinal alcanzada sobre las huestes patriotas de Sucre, días antes de la Batalla de Ayacucho, el 2 de diciembre. Pudo acabar en desastre generalizado de no mediar la serenidad del ingles Miller y el coraje del colombiano Morán. Los patriotas perdieron allí casi trescientos hombres y un cañón, esto es, la mitad de su escasa artillería, aparte de bagajes diversos, bestias y municiones. Los jefes españoles y criollos virreinales festejaron con alborozo esta nueva victoria de Valdez que podía anunciar el final triunfante de la campaña contra Sucre.Sin embargo, lo sorprendente es que, no obstante tan notable triunfo virreinal, varios vieron el suceso de modo muy triste, quien sabe cuantos de los soldados quechuas del ejército vencedor. Décimos esto porque, como relata el mismísimo general José Canterac: «después de la jornada, algunos de los soldados, lejos de jactarse de la victoria, rompieron sus fusiles contra las rocas y acusados de remordimiento por la derrota infligida a sus hermanos, buscaron la muerte arrojándose al abismo».A estos extremos había llegado la tensión emotiva en cierto número de los combatientes quechuas del ejército del Rey, hombres a quienes se les aplicaba el principio militar prusiano de que « el soldado debe temer más a la vara de su cabo que a la bala del enemigo».Por otra parte, al día siguiente de la victoria virreinal en Corpahuaico (también llamada Matará y Colpahuaico) un número imprecisable de soldados trató de desertar; en todo caso, quince llegaron a incorporarse a las fuerzas patriotas; eran quechuas de Cochabamba, prisioneros obligados a combatir sirviendo a la bandera del Rey. Otros doscientos llegaron a evadirse.Afirma Torrente que varios jefes españoles planearon tras el suceso de Corpahuaico, proseguir la victoria y aniquilar a los de Sucre al anochecer, tras su desastrosa retirada, pero” el temor de la deserción que eran tan común entre aquella tropa hizo que los realistas renunciasen a recoger los frutos de esta primera victoria. [...] Si dichas tropas hubieran inspirado la debida confianza no se habría suspendido el ataque”.Sucre y sus hombres se salvaron así esa noche, gracias a la zapa organizada por quienes en la filas del Rey se resistían, en todo lo posible, a seguir combatiendo. Gracias a estos desconocidos “enemigos” , al amanecer del día siguiente el ejército patriota pudo rehacer sus filas y tomar nuevas posiciones. Había perdido algunos oficiales de gran valía como el capitán ingles W. Gooseberry.Además, Corpahuaico prefiguró la amenaza de un posible desastre definitivo de ese ejército, que seguía retirándose ante el Virrey y que - en verdad- sólo se venía librando del exterminio gracias a los invisibles partidarios que militaban en el otro bando, bajo los estandartes rojo y gualda de España.El Virrey consiguió cortar la retirada a Sucre. Deambulando por frígidas punas, las fuerzas patriotas cruzaron, así consta, por aldeas quechuas iquichanas célebres después por otras razones, como Huaychao y Uchuraccay, sin obtener apoyo de los hoscos lugareños, cuyos hermanos mas bien participaban en las montoneras huantinas del Rey. Desde allí pasaron a La Quinua; perturbados los patriotas por falta de sustento para hombres y animales, la deserción volvía a aparecer. En esas punas desoladas sólo quedaba rancho para tres días.SEDICIÓNEn las áridas cumbres del Condorcunca, donde el Virrey decidió instalar sus posiciones, y en la misma víspera de la batalla, durante la noche se produjo un acto que no vacilamos en calificar de sedición. Es el propio general García Camba, quien lo relata, con una indignación apenas disimulada. Sucedió que las carpas «del Virrey, de Canterac y de otros jefes amanecieron con varios cartelones ridiculizando su conducta». Los autores fueron, demás decirlo, personas que sabían leer y escribir, oficiales criollos o mestizos de cuadros medios; cómplices fueron, por lo menos, los centinelas que guardaban vigilancia en cada caso.La verdad es que en el campo del Rey corrían los más diversos rumores en torno a la actitud que habría de asumir Canterac y el propio Virrey viendo inevitable la batalla definitiva. La notoria falta de víveres - y hasta de agua- agravaría el malestar en estos horas finales del imperio español en América.En cualquier forma, el caso de esos cartelones difamatorios (no sabemos que decían) fue silenciado en esas premuras en las cuales cualquier investigación y castigo devenían imposibles; pero revela la descomposición interna de las huestes del Rey. Tal vez, estos cartelones indicarían un rechazo de combatientes españoles recalcitrantes a jefes políticos y militares que habrían estado tentando, secretamente, un arreglo pacífico con ciertos patriotas, tema que aún es un misterio en la historia y que constituye lo que, en general, se denomina “la tesis de Salvador de Madariaga”, destacado historiador español.LA DEBACLE DE AYACUCHONunca hemos conocido una batalla peor concebida y ejecutada que la de Ayacucho. Los errores quizá se expliquen por las sospechosas condiciones antedichas, que Madariaga (1984) remarca. Además, los soldados del Virrey La Serna tenían más caballería, mas infantería y contaban con once cañones, contra solo uno de los patriotas de Sucre.Desde el inicio del encuentro se percibe en las huestes virreinales un notorio desconcierto, cierta indisciplina y tal vez el oculto deseo de algunos generales de no dar una batalla a fondo, dadas las adversas condiciones que los rodeaba y la desconfianza en su personal de tropa.Es muy interesante al respecto lo que narra el coronel F. B. O'Connor en sus Recuerdos (1915), respecto al inicio de la batalla, en el momento en que sólo estaba una fracción del ejercito virreinal en la pampa, al pie del Condorcunca. Este autor dice que ante el avance patriota “Los granaderos de España dieron vuelta sin desordenarse y nos dejaron pasmados. Parece que ellos comprendieron mejor que no convenía ese movimiento y vimos a los jefes españoles conteniendo a sus soldados y hablándoles”. Sin lugar a dudas, la autoridad se hallaba resquebrajada, a sólo minutos del choque.Iniciados los fuegos derramaron heroísmo, inútil por lo precipitado, el coronel español Rubén de Celis y, los españoles que le siguieron en una imprevista carga de caballería que a muchos, incluso a él, les costó la vida. Fue un escuadrón contra un regimiento. Al rato fue hecho trizas el selecto batallón San Carlos y sus barbados componentes, que lucían cascos de plata. Mucho más resistieron los Contingentes veteranos quechuas y aimaras de Gerónimo Valdez, bien encuadrados bajo su hábil dirección. Virtualmente, ellos solos sostuvieron la lid, con ejemplar denuedo, peleando por causa ajena por pura disciplina.El resto de las divisiones del Rey actúo de muy distinta manera. Machos huyeron, salvo audaces y aislados grupos de notable osadía. Se negaron a combatir por repelencia a lo español, por indisciplina, o por obra de la conspiración, tras una resistencia simbólica. A veces ni eso. Sencillamente, arrojaron sus armas y se dispersaron. En verdad eran siervos armados que se vengaron de los vejámenes, abandonando a sus jefes, a quienes odiaban.Las sospechas sobre la conjura o las conjuras actuantes en plena batalla se acrecientan cuando observamos que alguién hizo correr el grito de «han matado al Virrey”, falseclad que se propagó por todo el campo rápidamente.Hasta el «Cantabria», que en Corpahuaico obligó a retirarse más que de prisa al batallón colombiano «Rifles», «se entregó como los demás a la fuga, sin que nada le pudiera detener». Éste era el batallón quechua de los suicidas.Caro pagaron en Ayacucho los jefes españoles el haber enrolado tantos montoneros y soldados capturados. Se lamentarían en medio de la trifulca el haber levado sin seleccionar, así como el descuido en el entrenamiento de tiro y lanza larga y también el desdén por lo que hoy llamaríamos “ ideologización”. El tropel de los que huían arrastro a la minoría de españoles y “nivelado el escalafón por el común desastre huían atropellándose” como lo recordaba el general López.En medio del tropel de quienes se replegaban, solamente resistieron el ímpetu patriota los más puros batallones indígenas peruanos, los quechuas y aimaras de Valdez. Ellos vencieron a la mayor parte de los batallones peruanos del general La Mar, lo cual fue registrado en todos los informes militares del día. Felizmente para la causa bolivariana, La Mar conservó la serenidad y con la ayuda del general grancolombiano José Maria Cordoba, que fue enviado por Sucre con tropas de refuerzo, logró contener a las legiones indias de Valdez y luego derrotarlas. En otras palabras, si la Batalla de Ayacucho hubiera sido sólo entre peruanos, nuestros quechuas y aimaras con Valdez habrían doblegado del todo a los negros, zambos y mestizos de la “Legion Peruana” .Los « Husares de Junín», comandados por Miller, quien era el jefe de toda la caballería patriota, contribuyeron eficazmente a restablecer el equilibrio en el encuentro, que luego ganaron. La lanzas de los grancolombianos, que eran mucho más largas, cumplieron su rol, como en Junín.Como Valdez lo señalara admirablemente en sus escritos, luego el caos resulto inevitable. Fue indetenible la debacle “Los prisioneros habrían de tratar de volverse, como lo hicieron, a los campos enemigos, y los indígenas de buscar sus madrigueras de donde se les había sacado a la fuerza hacia muy poco tiempo».REVUELTA GENERALIZADAPronto las revueltas se generalizaron en el campo de Ayacucho, pues los soldados del Rey se negaron a la obediencia. Esto sucedía a pesar que Valdez con sus bien disciplinadas tropas quechuas y aimaras, obraba milagros en el ala derecha española, dando tiempo para que se reagruparan los demás contingentes virreinales. Pero, a la postre, también sus fuerzas fueron arrolladas por Córdoba y La Mar, quien pudo rehacer sus tropas. Continuó entonces la matanza, porque los lanceros grancolombianos -afroamericanos casi todos- pasaron a perseguir sin piedad a los que se replegaban en desorden con sus largas lanzas: a los que huyeron por la pampa los sablearon a su antojo, en cambio los que optaron por trepar los cerros se salvaron porque los caballos de los jinetes patriotas no podían subir alturas tan escarpadas. La fatiga ocasionada por la refriega misma y la altitud del lugar impidió que las tropas bolivarianas ascendieran a pie de inmediato. El cuerpo comandado por el general Córdoba, tras arrollar a sus rivales, tuvo que replegarse por efectos del soroche.De todos modos, la mortandad resulto elevada. La consigna era exterminar al ejército del Rey, tal como lo revelan las altas cifras de muertos entre los vencidos y la bastante menor de heridos. Pero esta mortandad fue excesiva, si nos atenemos a la actitud de los soldados indígenas virreinales que renunciando a luchar, mas bien querían plegarse a sus adversarios.La batalla propiamente dicha fue breve, salvo en la parte en la que se defendían las legiones de Valdez. Por el contrario, la persecución de los dispersas fue larga y obstinada. Por las pampas vecinas y los barrancos « los cazaban a su antojo», sin que les valieran de nada los gritos de rendición y hasta de adhesión que lanzaban en sus idiomas indígenas, que, lógicamente, los vencedores no entendían. Masacrar indios, además, siempre fue una práctica común en América y de ese modo se mato sin piedad a esos desdichados fugitivos. Nadie paró mientes en que muchísimos de ellos eran también autores de la victoria, con su inercia o deserción.Las cifras que proporciona el propio parte militar de Sucre revela que hubo masacre, matanza intencional de los soldados que se evadían y huían. Por ejemplo, al referirse a las bajas de los patriotas, escribe a Bolívar (quien ya había tornado Lima) que fueron trescientos setenta muertos y seiscientos nueve heridos, lo cual es una proporción más o menos normal para un encuentro bélico. Pero cuando se informa sobre las bajas de los virreinales, éstas llegan a mil ochocientos en cadáveres y setecientos heridos, desproporción evidente, porque, como es lógico en las batallas de este tipo, los heridos siempre eran más que los muertos.Sin embargo, para explicar esta violencia deben tenerse en cuenta las tensas condiciones en que luchaban los patriotas. El Virrey en el Condorcunca les había cortado la retaguardia y tenían, como se ha mencionado víveres y agua para dos días. Se hallaban amagados por los feroces montoneros del Rey, que eran como unos dos mil indios de Iquicha y Huando, que en las vísperas habían logrado matar nada menos que al mejor montonero patriota, Marcelino Carreño. Además, todos aquellos soldados patriotas sentíanse desmotivados sin Bolívar, que era como un dios de las batallas. Esto explica que se tocase clarines ordenando constanternente “a degüello” aunque, obviamente, estas razones no justifican del todo la masacre. Bolívar, de haberse hallado presente en el campo de batalla, habría mandado cesar la inútil degollina, gracias a su certero instinto pare percibir rápidamente las realidades, pero celos y envidias políticas grancolombianas lo habían destituido del mando del ejército dos meses atrás. No hubo así en las acciones quien atinase a dictar nuevas órdenes, aún cuando es notorio que Miller, quien conducía a la caballeria, no prosiguió con la hecatombe, quizá porque ese gringo romántico y aventurero tuvo siempre un gran cariño por los indígenas de América. De todos modos, por la proporción de bajas, la de Ayacucho fue una de las batallas mas cruentas de la historia continental y destaca, inclusive, en la historia universal por ello.Mientras el Virrey caía prisionero, la mayor parte de los jefes y oficiales - seguidos por una parte de sus huestes, sobre todo las de caballería - alcanzaron a replegarse a lo alto del Cerro Condorcunca. Allí deliberaron y casi todos decidieron continuar la campaña en el sur del país. El general en jefe, Canterac, fue, sin embargo, opuesto a esta decisión, así como algunos otros oficiales.Un factor que desalentaba a los españoles más empeñosos era la certidumbre que con la noticia de la victoria patriota habrían de desintegrarse las débiles guarniciones virreinales de Cuzco, Arequipa y Puno. Peor aún, ellos quedaban en manos de Olañeta, en el Alto Perú. Este general español ultraconservador se las tenía juradas a sus compatriotas, los generales liberales que seguían a La Serna, a quien había declarado “un traidor a Dios y al Rey». Así las cosas, lo que les podía suceder “era caer en manos de Olañeta, donde no podían sino esperar una muerte trágica e infructuosa”, como ellos mismos reconocían.En este trance, el jefe de la “Legión Peruana» , general La Mar, hizo llegar en forma discreta un ofrecimiento de capitulación. Al fin y al cabo, los españoles vencidos habían sido sus compañeros de armas. La Mar había combatido por el Rey hasta dos meses después del 28 de julio de 1821. Antes, habían fraternizado todos durante la guerra contra Napoleón en la península ibérica (1808-1814).Dieron entonces la orden de concentrar a los dispersos. Pero, el sentimiento antiespañol de la tropa pudo más. Rota ya la draconiana disciplina que había impuesto el comando, se tornaron “inútiles un sinnumero de actos de arrojo que tuvieron lugar en esa hora desgraciada [...] el capitán Salas fue muerto por su misma tropa que se había empeñado en reunir; el brigadier general Somocurcio estuvo expuesto por el mismo empeño a sufrir igual suerte y en general no hubo un jefe notable que no corriese los mismos riesgos al tratar de reunir a los dispersos. No debe sorprender esta conducta habiéndose ya dicho la especie de soldados que componían nuestras filas, con los cuales no podía contarse en modo alguno en el momento que nos abandonase la victoria».Así contó las cosas Valdez.García Camba dio una versión bastante parecida del desastre final. Cuenta que se acordó reunir en las cumbres a todos los contingentes a mano, rotos en la batalla. Pero estos se negaron. Fueron, pues, los soldados peruanos sublevados quienes obligaron a rendirse a los altivos generales de Fernando VII. Pronto la situación se agravó, al aumentar la agresividad de los amotinados.Sucedió que entre esos exaltados soldados indígenas había «unos doscientos jinetes» que empezaron a asumir una actitud amenazadora, hombres allí « reunidos precisamente por una causa opuesta a la que ellos [los patriotas de Sucre] debieron figurarse” empezaron a saquear los equipajes de los jefes, amenazando seguramente con disparar sobre quienes habían sido sus comandantes horas antes. Los combatientes peruanos se vengaban de esa forma de los agravios recibidos y de haber sido forzados a batirse contra sus compatriotas. La situación de los jefes virreinales llego a ser insostenible frente a esa gente con la cual nada los unía.Disimulando lo mejor que se podía tan lamentable estado, uno de los hombres de confianza de Valdez bajó al campo patriota a buscar un arreglo con La Mar. El emisario se encontró con el coronel O'Connor y otros a quienes dijo “tengo orden del señor general Valdez de proponerle una capitulación, porque la tropa en el Alto está saqueando los bagajes de los generales y oficiales».LOS AUSENTESPerdieron en Ayacucho los del Rey. Pero es que ya no estaban en las filas de España el indio bravo cusqueño, brigadier Mateo Pumacahua (rango de general) que tanto los había defendido; ni tampoco el joven Mariscal criollo José Goyeneche, ese arequipeño que tantas victorias dio a la causa del Rey , ni el Mariscal Picoaga, ese otro peruano que por su denuedo tuvo que ser ejecutado durante la revolución de los hermanos Angulo. De estar todos ellos presentes, quizás otro pudo ser el resultado de la jornada del 9 de diciembre en las pampas de la Quinua. Tampoco se encontraba el general español Juan Ramírez, el increíble vencedor de Umachiri, quien disgustado, partiera del Perú tras el golpe militar de La Serna contra Pezuela, en Aznapuquio. Ni Olañeta, general español que en los días de Ayacucho no abandono su reducto ideológico absolutista del Alto Perú, seguido por más de 4000 soldados indios. Ni Santa Cruz, ni Agustín Gamarra, quienes palearon también a favor del Rey hasta 1821, aunque sin brillo.LA CAPITULACIÓNLa historia censura a veces a Sucre por haber escrito una Capitulación tan generosa. La verdad es que se requería de todos los españoles, liberales o no, se marchasen del Perú. Esto para enfrentar en mejores condiciones al enemigo principal; el dúo Rodil y Torre Tagle, que con miles de hombres, peruanos casi en su totalidad, sostenían el castillo del Real Felipe en El Callao. Acababan estos de ganar el combate de La Legua a las fuerzas patriotas. Y Bolívar temía que llegasen refuerzos de España y de la propia Santa Alianza, era coalición de monarquistas reaccionarias de Europa. El Real Felipe era a la sazón la mejor fortaleza de España en América, tomada ya Cartagena por Bolívar. Rodil habría de capitular solo en enero de 1826.EL NUEVO VIRREYLa revuelta de tropas, y a veces con sus oficiales, prosiguió cuando la nobleza surandina criolla impuso un nuevo Virrey, al enterarse de la catástrofe de Ayacucho. Pero ese nuevo Virrey, que era el Mariscal peruano Pío Tristán, poco pudo hacer en el Perú sin el respaldo del general Olañeta. Todas las guarniciones se deshicieron. Pero en el Alto Perú, un anónimo riflero aimara mato en un motín al sanguinario Olañeta, español, símbolo de lo más oscuro del absolutismo en América y quien quizá tenía proyectos políticos propios. Tal vez ser Rey. Esto fue en Tumusla, el 2 de abril de 1825. Este hecho motivó la desintegración de las huestes virreinales en aquella región y facilitó el avance de Sucre.FUENTES
CANTELRAC,José1931 Partes militares. En Historia Militar del Perú de Calos Delepiane. Tomo l. Lima: 1931.COLECCION DOCUMENTAL DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ1975 La acción patriotica del pueblo en la Emancipación. Guerrillas y Montoneras. Tomo V Lima. GARCÍA CAMBA(s.a.) Memorias del general García Camba para la historia de las arenas españolas en el Perú 1822-1825 Madrid. pp. 320-322; 337.MIDDENDORF, ErnestPerú. Tomo III (La sierra). Lima: UNMSM. MILLER, Guillermo.Memorias. Madrid. Caps. XV-XXV.O'CONNOR, F. B.Recuerdos. La Paz. O'LEARY, Daniel F.La Emancipación del Perú, según la correspondencia del General Héroes con el libertador Bolívar. Madrid.PAZ SOLDÀN, Juan PedroCartas históricas del Perú. Primera serie. Lima, pp.191-218SARTIGES, Eugene deEn Sartiges y Botmiliau: Dos viajeros franceses en el Perú Republicano (1831). Lima, p. 116 (Colección de viajeros del Perú). Ed. Raúl Porras. TORRENTE, MarianoHistoria de la Revolución de la Independencia del Perú. Lima. pp. 300, 304 y ss.VALDEZ, Gerónimo2Exposición que dirije al Rey Fernando VII el Mariscal de CamPA... 2.Tomo I. Madrid. pp. 574 y ss.WILT, HeinrichDiario 1824-1890: Un testimonio personal sobre el Perú del siglo XIX .Vol. 1, him. pp. 237-238.BIBLIOGRAFÍABASADRE, Jorge1929 La iniciación de la República, Tomo I. Lima (Biblioteca Peruana).Chile, Perú y Bolivia Independiente. Madrid. MADARIAGA, Salvador de1984 Bolívar. Madrid. Cap. XVI (Ayacucho y otros).



lunes, 21 de enero de 2008

JUSTICIA PENAL ADUANERA, INEXISTENTE.




Por Heivar Gutiérrez Pelayo (México).


En la actualidad y en gracia al clima que prevalece en el mundo a partir de los atentados del 11 de septiembre en el que tal parece que se encuentra dividido en dos grandes secciones, los llamados gobiernos democráticos y grupos terroristas,[1] -lo que me hace recordar a la granja orwelliana, en donde el acusador desde un principio fue el traidor[2]-, los sistemas de seguridad así como los instrumentos legales para el combate al llamado "terrorismo" se han vuelto rígidos en el control del trafico de personas y bienes.

En gracia a dicho acontecimiento, sin duda, trágico, la seguridad de los países amenazados contra el terrorismo obliga a implementar un entorno aduanero honesto, transparente y previsible –dentro y fuera del país- que permita el desarrollo del comercio internacional lícito y la lucha eficaz contra las actividades ilegales.

La pena representa, simbólicamente, nuestra seguridad, y su ausencia parece dejarnos librados a nuestra suerte[3], por ello la exacta aplicación de la ley y de la justa investigación de los delitos es elemental, máxime si los bienes jurídicos representan la seguridad nacional y el crecimiento económico del país.

En nuestro país existen normas que dan certeza jurídica a los sujetos
relacionados con el comercio exterior (empresas, agentes aduanales,
autoridades, importadoras, exportadoras etc.) dentro del marco de las acciones contra la lucha de las actividades ilícitas, ello lo vemos depositado tanto el Código Fiscal de la Federación como en la mismo Ley Aduanera, que regulan sanciones que van desde la infracción (propia de la autoridad administrativa) hasta la imposición de una pena o medida de seguridad (pretensión punitiva).

La observancia y aplicación de las normas en comento se encuentran a cargo de la autoridad fiscal en específico de la Administración General de Aduanas perteneciente a la Secretaria de Hacienda y Crédito Público, la cual entre otros deberes –según articulo 10 del Reglamento Interior del Servicio de Administración Tributaria- es el de "establecer las políticas, lineamientos y directrices que deben seguir las unidades administrativas que le sean adscritasy las Aduanas, en las siguientes materias: normas de operación, reconocimiento aduanero derivado del mecanismo de selección automatizado y comprobación del cumplimiento de las obligaciones fiscales y aduaneras; embargo precautorio de mercancías extranjeras respecto de las cuales no se acredite la legal importación, tenencia o estancia en el país; procedimientos aduaneros que se deriven del ejercicio de las facultades de comprobación del cumplimiento de las obligaciones fiscales y aduaneras; determinación de la base de los impuestos generales de importación o exportación; verificación del cumplimiento de las regulaciones y restricciones no arancelarias, inclusive en materia de normas oficiales mexicanas; inspección y vigilancia de los recintos fiscales y fiscalizados, y en este último caso la vigilancia del cumplimiento de sus obligaciones derivadas de la concesión o autorización otorgada para prestar los servicios de manejo, almacenaje y custodia de mercancías de comercio exterior, así como declaración del abandono de las mercancías que se encuentren en los patios y recintos fiscales bajo su responsabilidad y en los recintos fiscalizados."[4]

En el mismo sentido encontramos la siguiente interpretación judicial emitida en esta novena época que al rubro indica: ADUANAS. SU FACULTAD DE VERIFICAR FORMALMENTE EL CUMPLIMIENTO
DE LAS OBLIGACIONES CONTENIDAS EN LAS NORMAS OFICIALES
MEXICANAS SE ENCUENTRA IMPLÍCITA EN EL EJERCICIO DE LAS
ATRIBUCIONES DE COMPROBACIÓN QUE EN MATERIA DE COMERCIO EXTERIOR, DE RESTRICCIONES Y DE REGULACIONES NO ARANCELARIAS LES CONFIERE EL ARTÍCULO 42, APARTADO A, FRACCIÓN XVI, DEL REGLAMENTO INTERIOR DEL SERVICIO DE ADMINISTRACIÓN TRIBUTARIA, VIGENTE HASTA EL TRES DE DICIEMBRE DE MIL NOVECIENTOS NOVENTA Y NUEVE.

De la interpretación relacionada del artículo 42, apartado A, fracción XVI, del Reglamento Interior del Servicio de Administración Tributaria, vigente hasta el tres de diciembre de mil novecientos noventa y nueve, en relación con lo dispuesto en los artículos 2o. y 3o. de la Ley Aduanera , 39, fracción VII, 41, fracción VIII, 52, 53, 55 y 57 de la Ley Federal sobre Metrología y Normalización y 26 de la Ley de Comercio Exterior, se advierte que la facultad que tienen las aduanas para verificar formalmente el cumplimiento de las obligaciones en materia de comercio exterior, de restricciones y regulaciones no arancelarias, comprende, además, la verificación del cumplimiento de las normas oficiales mexicanas cuya finalidad es establecer las características y/o especificaciones que deberán reunir los productos o procesos cuando puedan onstituir un riesgo para la seguridad, la salud, el medio ambiente o para la preservación de los recursos naturales, de los productos integrados como materias primas, partes o materiales para la fabricación o ensamble de productos finales. Ello es así, porque, por un lado, el aludido artículo 26 dispone expresamente que será, en su caso, la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (actualmente Secretaría de Economía) la que determinará las normas oficiales mexicanas que las autoridades aduaneras deben hacer cumplir en el punto de entrada al país y, por otro, del contexto legislativo del derecho aduanero se desprende que tales normas se encuentran vinculadas tanto a la regulación del comercio exterior como al establecimiento de las medidas de regulación y restricción no arancelarias a la exportación, importación, circulación y tránsito de mercancías, en la medida que todos los productos, procesos, métodos, instalaciones, servicios o actividades deben cumplir con dichas normas, las que, a su vez, constituyen una referencia obligada en la determinación de las medidas
de restricción y regulación no arancelarias, tal como se desprende del contenido de los indicados artículos 53, 55 y 57. En consecuencia, considerar que las aduanas sólo tienen facultades para verificar las mencionadas restricciones y regulaciones, en términos de lo previsto en el señalado artículo 42, apartado A, fracción XVI, sin incluir la verificación de las normas oficiales mexicanas, implicaría una concepción limitada de las facultades de las aduanas en el régimen jurídico que las regula, el cual se
vincula a las actividades del Estado relacionadas con el comercio exterior, desde el punto de vista fiscal, económico, social, de higiene, de vigilancia, financiero e internacional.

Lo que nos lleva a observar que la sanción administrativa en materia Aduanera se materializa con el incumplimiento de las obligaciones tributarias sustantivas y formales y que consisten en un hacer o un no hacer, cuya consecuencia es la aplicación de una sanción tributaria[5] sanciones exclusivamente reguladas por la Ley Aduanera , ordenamiento que excluye describir alguna conducta relevante para el derecho penal, materia que no regula a los delitos aduaneros, situación que rescata el derecho fiscal, como vemos en el siguiente criterio emitido dentro de la novena época:
Novena Época Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Fuente: Semanario Judicial de la Federación de 2006 Página:2354 Tesis:II.2o.P.188
P Tesis Aislada Materia(s): Penal
DELITOS FISCALES VINCULADOS CON EL CONTRABANDO. DADA SU
TIPIFICACIÓN COMPLEJA Y POTENCIAL CONCURRENCIA APARENTE DE TIPOS PENALES, LA AUTORIDAD QUE PRETENDA IMPONER UNA SANCIÓN PENAL ESTÁ OBLIGADA A REALIZAR UNA INTERPRETACIÓN SISTEMÁTICA E INTEGRAL DE LA NORMATIVIDAD FISCAL CONDUCENTE, A FIN DE RESPETAR EL PRINCIPIO DE EXACTA APLICACIÓN DE LA LEY PENAL.

Para comprender debidamente las diferentes hipótesis normativas que se prevén como delitos en el Código Fiscal de la Federación , y concretamente las relacionadas con el delito de contrabando a que, en términos generales, se refiere el artículo 102, es indispensable una interpretación sistemática e integral del cuerpo normativo, pues puede incurrirse en la deficiencia de pretender encuadrar el hecho en un supuesto delictivo distinto a aquellos otros que, en su caso, pudieran llegarse a configurar. El principio de exacta aplicación de la ley penal es de observancia estrictamente obligatoria para las autoridades que participan en la integración y determinación de la existencia de los delitos, con total independencia de la complejidad o de las posibles deficiencias o inconsistencias inherentes a la técnica legislativa empleada por parte del legislador al momento de crear los distintos tipos penales; incluso, la necesidad de observar la taxatividad o concreción de la norma, como derivación del principio de legalidad, es exigible igualmente a los propios órganos legislativos, de ahí que es inadmisible pasar por alto el hipotético supuesto del concurso aparente de tipos penales, bajo el argumento limitado de la aplicación letrística o gramatical de la ley, que implícitamente conduce a la omisión de analizar e interpretar sistemáticamente el contenido integral de un cuerpo normativo cuando las circunstancias del caso así lo exigen. Ahora bien, el hecho de que conforme a la Ley Aduanera y, concretamente, acorde con sus artículos 151, fracciones
II y III, 176, fracciones II y X, y 178, fracción II, pueda afirmarse que la tenencia de determinada mercancía (vehículos de motor por ejemplo) dentro del territorio nacional sin permiso o sin la documentación que justifique su legal estancia da lugar a la comisión de una infracción y al merecimiento de una sanción de carácter administrativo, así como al embargo precautorio que en su momento pudiera realizarse, ello no quiere decir que, para los efectos del derecho penal, esa misma conducta pueda ubicarse discrecionalmente a elección de las autoridades hacendarias, ministeriales o judiciales en cualquiera de los dispositivos que se vinculan con el delito de contrabando o sus equiparables, pues al respecto debe atenderse a que de la interpretación sistemática de la codificación aplicable se infiere que el contrabando, tanto en su forma ordinaria como equiparada, depende para su acreditamiento de la naturaleza de las mercancías de que se trate, ya que, precisamente, por esa razón, la ley prevé y distingue diversos tipos penales, los cuales parten de diferentes supuestos y exigen también distintos requisitos de procedibilidad, además de que el hecho constitutivo del núcleo típico resulta distinto, como distinto también es el bien jurídico que directamente se protege en cada caso, e incluso también puede derivar por diversas vías la posibilidad de las sanciones de carácter pecuniario vinculadas con la hipótesis de que se trate; por tanto, se insiste que, al margen de la complejidad o deficiencia de la técnica legislativa empleada, a la autoridad que pretende imponer una sanción penal le es estrictamente exigible hacer una interpretación sistemática e integral de la normatividad fiscal conducente para así lograr depurar y distinguir suficientemente el supuesto que se actualice en realidad, a fin de no transgredir los principios de resolución de los llamados concursos aparentes de tipos y, consecuentemente, el reiterado principio de exacta aplicación de la ley penal.

SEGUNDO TRIBUNAL COLEGIADO EN MATERIA PENAL DEL SEGUNDO CIRCUITO.
Amparo directo 137/2005. 6 de octubre de 2005. Unanimidad de votos. Ponente: José Nieves Luna Castro. Secretario: Fernando Horacio Orendáin Carrillo.
Ello a diferencia de algunos países sudamericanos que definen al contrabando como una conducta contraria al LIBRE COMERCIO NACIONAL E INTERNACIONAL y no así al fisco federal como pasa en nuestro país, tal como se aprecia en la Ley 28008 (19 de junio del 2003) que reprime los Delitos Aduaneros en el Perú
"A. Delitos Aduaneros Propiamente dichos.
Contrabando
Defraudación de Rentas de Aduanas
Receptación,
Tráfico de Mercancías Prohibidas o Restringidas. Etc"
"B. Delitos "puente" para el Fraude Aduanal.
Delitos C/ Fe Pública,
Libramiento Indebido
Contra los Derechos de Autor
Contra la Propiedad Industrial. Etc."
"C. Delitos "coligados" o Mixtos.
Financiamiento. "

Legislación que también comparte Panamá al situar al contrabando y a la
defraudación aduanera como delitos aduaneros y no fiscales, aun y a pesar
que la autoridad aduanera se define actualmente como "la institución
encargada de vigilar y fiscalizar el paso de mercancías para efectos de
recaudación tributaria que gravan las mismas y prevenir, perseguir, y reprimir los delitos aduaneros".

Debemos concluir que la JUSTICIA PENAL ADUANERA no solo tiene como finalidad cuidar los intereses del fisco federal, si no que, de igual forma, protege el desarrollo económico del estado, y evita las practicas desleales que afectan la riqueza del estado, conductas que en el caso de México, perjudican directamente a los intereses del fisco federal, por un lado, (protegida por el derecho fiscal) y por el otro al empresario que ofrece empleos, el cual queda desprotegido ante el "crimen económico internacional"[6]
.
[1] Méndez Silva, Ricardo, Derecho y Seguridad Internacional. Memoria del Congreso Internacional de Culturas y
Sistemas Jurídicos Comparados, "Derivaciones del 11 de septiembre para el derecho internacional" página 111,
Universidad Nacional Autónoma de México
Instituto de Investigaciones Jurídicas, Primera edición 2005, México Distrito Federal.
[2] George, Orwell,(Eric Blair) La Rebelión en el Granja, 1945.
[3] Por Julio B. J. Maier, La Justicia Penal ingresa la mercado, Revista electrónica, Nueva Doctrina Penal, Buenos Aires, Argentina 1997.
[4] Decreto por el que se expide el Reglamento Interior del Servicio de Administración Tributaria y se modifica el Reglamento Interior de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, 6 de junio de 2005.
[5] Gabriela Ríos Granados, "Las infracciones tributarias en el sistema tributario mexicano", revista jurídica, Boletín Mexicano de Derecho Comparado Nueva Instituto de Investigaciones Jurídicas de la universidad Nacional Autónoma de México, Número 114, pagina 1171, Septiembre-Diciembre 2005.
[6] Carlos Alberto Pajuelo Beltrán, Agente Aduanas, Docente universitario en los cursos de Criminología y Derecho
Aduanero. Tacna - Perú
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Públicado en :

sábado, 19 de enero de 2008

Sobre la Doble Sanción en Aduanas



"Una política penal de exclusiva protección de bienes jurídicos presupone no sólo democracia, sino ejercicio de la democracia, esto es participación y concurrencia en los procesos a través de los cuales se realizan la libertad política, en concreto, libertad de pensamiento, de acción y sobre todo de disensión.” Bunge.



“CONTRADICCION ENTRE LAS LEYES DE ADUANAS Y DELITOS ADUANEROS EN MATERIA DE INFRACCIONES: EL NON BIS IN IDEM”

Autor: Carlos Alberto Pajuelo


VISUALIZACION DEL PROBLEMA:

Pensamos que al existir doble sanción en materia de infracciones aduaneras colisionando las estrictamente administrativas con las de carácter penal administrativo nos encontramos ante la aparición del non bis in idem.

Nuestra legítima inquietud respecto de la existencia del non bis in idem podemos iniciar nuestro razonamiento desde las siguientes reflexiones:



Básicamente en la práctica existe duplicidad entre la infracción administrativa vinculada al contrabando, prevista en la Ley de Delitos Aduaneros, y las sanciones de incautación y comiso de la Ley General de Aduanas preguntándose los servidores de aduanas cual aplicar, la mas drástica? la mas suave o benigna? en algunos casos una y en otros casos la otra?.




LA SANCION DENTRO DEL AMBITO ADMINISTRATIVO Y LA APLICACIÓN DEL PRINCIPIO NON BIS IN IDEM.




Ahora bien, formalmente tenemos que puede darse el caso de que un mismo hecho ocasione la aplicación de varias sanciones pero de diferente orden, esto es, opera a nivel administrativo como a nivel penal administrativo al prescribirse sanciones en ambos campos normativos. Sobre el particular, debemos citar a Juan Alfonso Santamaría Pastor en su libro Principios del Derecho Administrativo Sancionador ”( Centro de Estudio Ramón Areces. Colección Ceura. Madrid. 2000. p. 393), que señala: “b) El principio que examinamos supone, en primer lugar, la exclusión de la posibilidad de imponer en base a los mismos hechos dos o más sanciones administrativas o una sanción administrativa y otra de orden penal; esta regla prohibitiva surge históricamente como reacción a la práctica criminal del Estado absoluto y, por su evidencia, no ha sido apenas objeto de refrendo en los textos legales.” Ahora bien, el problema que se nos presenta no es patrimonio de la vigente Ley 28008 que reprime los Delitos Aduaneros, sino que viene desde la norma anterior, es decir, de la Ley 26461 que en su artículo 27 señala que :” Las infracciones administrativas, vinculadas al contrabando, se sancionarán conjunta o alternativamente con : a) Comiso de las mercaderías. b) Multas. c) Suspensión o cancelación definitiva de licencias concesiones y/o autorizaciones pertinentes. d) Cierre temporal o definitivo de los establecimientos. e) Internamiento temporal de los vehículos. La actual Ley Penal Aduanera recoge idéntica disposición en su artículo 35.Además de ello imponíase en su artículo 29 sanciones de multa para personas que cometían infracción equivalente a los tributos dejados de pagar , actualmente la Ley 28008 la recoge en su artículo 36 duplicando la sanción o al valor FOB de la mercancía. Y a diferencia de la anterior que prescribía que correspondía una sanción de cierre temporal del establecimiento por un periodo de 30 días calendario la nueva norma prescribe sesenta días. Con el artículo 30 de la Ley 26461 y 37 de la vigente Ley 28008 pretendían y se pretende castigar la reincidencia con doble penalidad en materia de tributos dejados de pagar (elevándolo al doble de los tributos dejados de pagar con la Ley anterior y a cuatro veces con la vigente y con la adición de que por cada reincidencia se volverá acotar el doble de la sanción). En cuanto al cierre temporal la 26461 la prescribía en no menos de 60 días calendario y la vigente la eleva a no menos de 90 días calendario con el aditamento de incrementar en 30 días calendario por cada reincidencia.Se mantiene el comiso como sanción referida a las mercaderías en si. Y aquí podemos identificar el inicio del hilo de la madeja en nuestro enfoque dado que todo el engranaje jurídico sancionatorio de la Ley penal aduanera y de la Ley General de aduanas se basa en el tratamiento de mercancías y la tutela de los intereses fiscales. Tutela que se direcciona bajo la tutela jurídica del erario principalmente.También el artículo 31 de la Ley anterior preveía sanciones para los transportistas o personas que a sabiendas transportaban mercancías vinculadas a la infracción penal de contrabando con suspensión. Surge la sanción para la persona natural y para la persona jurídica, por el cual al primero se le suspendía la licencia y al segundo a una multa equivalente a los tributos dejados de pagar, con el prurito de que si existía concurrencia de responsabilidades emergía una obligación solidaria. Aquí podemos detenernos un poco a reflexionar en el cómo se podría aducir responsabilidad penal a una persona jurídica “que a sabiendas transporta mercaderías..” cuando es premisa jurídica penal universal de que la persona jurídica no comete el delito. Aun más, podríamos referir que los delitos e infracciones penales vinculadas al contrabando se distinguen de las infracciones administrativas regulares por la configuración del dolo como principal elemento volitivo. Es decir, que para la infracción penal vinculada al delito aduanero se requiere necesariamente una actuación dolosa y ese elemento volitivo es propio de la persona humana o persona natural. Decimos esto porque la nueva Ley también recoge el mismo sentido punitivo en su artículo 39 endureciendo las sanciones, y, es mas, creemos que agudiza el problema cuando opta por una redacción más generalizada y retira el término “el que a sabiendas”, ampliando innecesariamente el espectro sancionatorio. Así, El art. 39 de la Ley 28008 impone sanción de licencia de conducir por un año y además implica la inscripción de la sanción en el registro de conductores. Y si es chofer profesional que presta servicios a una empresa de transporte la sanción será de 5 años de suspensión. Además de la multa de dos veces los tributos dejados de pagar. Increíble. En cuanto a la sanción que le correspondería a la persona jurídica –léase empresa de transporte- tendrá que pagar el doble de los tributos dejados de pagar y además una suspensión de actividades por seis meses. Otra vez simple y llanamente increíble.Increíble por inaplicable, veamos, ante la eventualidad de un caso típico en el que el chofer de una empresa que debe efectuar el transporte de mercadería nacional desde Tacna hacia Lima debidamente acreditadas en las guías de remisión. Por razones estrictamente personales como ser estado de necesidad, fin de lucro, demencia temporal o lo que fuere, decide luego de partir del establecimiento de la empresa de transportes y cerrada la carga, agregar ilícitamente una mercadería de naturaleza prohibida o restringida como es el caso de chips para celulares de procedencia extranjera cuyo valor no excede las 2 UITS, misma que caben en su bolsa de mano o lo coloca entre la carga o bajo del asiento del copiloto en la caseta y dicha mercadería ilícita es detectada por el personal de oficiales de aduanas en el puesto de control de Tomasiri, cual es el esquema sancionatorio a aplicar. Veamos.En cuanto a la persona infractora:- No es detenido ni puesto a disposición el Ministerio Público por el monto. Es puesto en libertad antes de las 24 horas, generalmente al cabo de una o dos que dura el papeleo.- Se le retiene la licencia de conducir y se remite al Ministerio de Transportes o Dirección Regional de Transportes para la aplicación de la suspensión por 5 años de acuerdo al art. 39 inc. A.. (1ra sanción). Acumulativamente se le aplica una multa ascendente a los tributos dejados de pagar. (2da Sanción).- Como la carga que va amparada en la guía de remisión corresponde a una empresa comercial con sede en Tacna y asumiendo que los chips fueron detectados entre los bultos, se le aplicaría una multa equivalente a dos veces los tributos dejados de pagar.(3ra sanción).- Y como dentro del objeto de sus actividades en su constitución social la empresa –léase los constituyentes- puso la frase “transporte de mercaderías”, entonces también es pasible de que se disponga por SUNAT la sanción inmediata de suspensión de sus actividades por el término de seis meses, nada menos.(4ta. sanción) - El camión debe ser intervenido por ser considerado medio de transporte y por consiguiente se remite al Ministerio de transportes para cumplir un internamiento de 60 días, no “hasta sesenta días”, sino “no menor a sesenta días” . (5ta Sanción).Hasta aquí no vemos otro inconveniente respecto de la aplicación de la Ley Penal aduanera en materia de infracciones. (infracción porque el monto de la mercadería es menor a las 2 unidades impositivas tributarias.) que no sea el tema del criterio para la imposición concurrente en la aplicación de las sanciones que no se encuentra bien definido, dado que no debemos de confundir con los aspectos de criterio en la gradualidad en la aplicación que la ley penal tampoco contiene, a diferencia de la ley General de Aduanas. Pero, ¿qué acontece cuando la mercadería –obviamente de procedencia extranjera- es transportada por un transportista desde Chile al Perú con un manifiesto de carga y en el control fronterizo de Santa Rosa se detecta la presencia del bulto con chips camuflado dentro de la carga? Esto es ante un caso de ingreso a zona primaria de control aduanero y se produce la intervención por parte de personal de resguardo. Por eso que cierta doctrina apunta en este sentido la falta de herramientas para la administración aduanera en cuanto a aplicar una u otra normativa, esto es, para solucionar la disyuntiva, repetimos, “¿aplicar la sanción mas leve o la mas drástica?”.En este punto, para empezar tendremos que considerar que aparte de las sanciones antes prescritas contenidas en la Ley Penal aduanera , se debe considerar que se inicia por parte del servicio aduanero un procedimiento administrativo en forma automática. Evidentemente nos encontramos con la normativa que concurre en materia sancionatoria contenida en la Ley General de Aduanas en referencia a lo que se prescribe como infracción administrativa. Es el caso del comiso por ejemplo, que también en la ley general de aduanas impone sanción de multa para los operadores. Veamos algunos aspectos de lo que se plantea en la Tabla de Sanciones aplicables a las Infracciones previstas en la Ley General de Aduanas , (complemento del artículo 108 de la Ley) y que colisionan con lo dispuesto por la Ley de Delitos Aduaneros en el Titulo III referido al tratamiento de Infracciones Administrativas y Sanciones, refirámonos específicamente a la aplicación del comiso como figura expiatoria. El artículo 35 de la Ley de delitos aduaneros señala genéricamente que las infracciones administrativas –no se dice pero, “penales”- pueden ser sancionadas conjunta o alternativamente con el Comiso, multa, suspensión o cancelación definitiva de las licencias, concesiones o autorizaciones pertinentes, cierre temporal y por último el internamiento temporal de vehículo con el que se cometió la infracción. El artículo 38 de la Ley penal aduanera prescribe que el comiso es aplicable a las mercancías y bienes materia de la infracción administrativa y “las mercancías comisadas quedarán en poder de la Administración Aduanera para su disposición de acuerdo a Ley”. Pero si a continuación revisamos brevemente algunos puntos que sanciona con comiso la Ley en su artículo 108 incisos de a) al f) y también contenidos en la parte V numerales del 1 al 12 de la tabla - D.S. 013-2005 EF - encontraremos que se aplicará sanción de comiso a los casos en los que la mercadería que:- Carezca de documentación aduanera pertinente . Si se nos permite un comentario anotaremos que en este elemento tipificatorio podemos subsumir una vasta gama de infracciones relativas al control aduanero.- En los casos en los que se atente contra la soberanía nacional, la moral y la salud pública .- En los casos en que se detecte su ingreso, permanencia o salida por lugares u hora no autorizados o se encuentren en zona primaria y sea desconocido su consignatario.- También en los casos en que se trate de mercancías de importación prohibida o restringida y no sean reembarcados dentro del término de ley. También aquí se abarca una serie de infracciones propias del contrabando en menor cuantía o del denominado contrabando técnico. - La falta de declaración de equipaje por parte del viajero, es decir por omisión de declaración, entre otras. Pensamos que dicha orientación es la que no permite ampliar el espectro de efectividad de las normas sancionatorias aduaneras que deben ir estrechamente orientadas por el principio de facilitación de comercio entre los agentes económicos. La orientación que se plasma en los vigentes casos de integración de mercados y que tiene como pilar la unión aduanera no permite la inflexibilidad a ultranza de los esquemas de control aduanero por medio del endurecimiento simple de la normativa punitiva, por el contrario, promueve un control efectivo pero a través de la implementación de una serie de medidas de automatización y sistemas administrativos eficaces que permitan atacar las auténticas fuerzas negativas del fraude aduanal y promover el comercio interactivo con el resto del mundo.

PARADOJA EN POS DE PROPUESTAS PRAGMÁTICAS DE SOLUCION:

- Algunos autores y operadores piensan que la Ley General de Aduanas sería aplicable a casos detectados en el despacho y la ley de delitos aduaneros en zona secundaria aduanera. No nos parece una idea equivocada en todo caso, nos encontraríamos ante una primera medida de carácter minimalista del actual sistema punitivo ineficaz e ineficiente.- Por otro lado creemos que una solución mas lógica y racional – a tenor de lo acotado anteriormente- sería suprimir parte del tratamiento de la infracción administrativa vinculada al contrabando de la Ley Penal aduanal y remitir estos casos a la Ley General de Aduanas donde podrían incorporarse al ya vigente marco sancionatorio. Sin embargo no resultará tarea fácil este extremo porque también en este tema arrastramos en el Perú la excesiva regulación normativa penal de modo tal que, pese a que se ha demostrado hasta el hartazgo de que la ley penal aduanera per se no disminuye en modo alguno los índices de criminalidad, lo que se adviene es aun peor cuando el nuevo Código Procesal Penal – próximo a entrar en vigencia plena- en su Título Preliminar consagra la primacía del derecho penal sobre el derecho administrativo cuando impondrá la interdicción de la persecución penal múltiple en la forma de proscripción del non bis in idem al señalar “ Nadie podrá ser procesado ni sancionado mas de una vez por un mismo hecho siempre que se trate del mismo sujeto y fundamento. Este principio rige para las sanciones penales y administrativas. El derecho penal tiene preeminencia sobre el derecho administrativo”. En tal sentido invocamos lo que dijo Goethe mencionado por Claux Roxin en su libro Política Criminal y sistema de derecho penal “se respeta el viejo fundamento, pero no se puede renunciar al derecho de volver a fundamentarlo de algún modo desde el principio.” Queda como tarea el compendiar la propuesta del nuevo derecho aduanal que tiende a minimizar el ámbito penal por la persecución del evasor mediante seguimiento sistemático y efectivo de sus actividades antes, durante y después de su ingreso al control aduanero amen de su desenvolvimiento en actividades económicas formalizadas.
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Publicada en la publicación digital siguiente:

Los Estudios de Post Grado en Derecho en Globalización







"Perspectivas de los Estudios de El Post Grado de Derecho en la Globalización"




"En cada momento de nuestra vida tenemos un propósito, y a él conspira la sinergia de nuestras acciones. Aunque al momento siguiente cambiemos de propósito. Y es en cierto sentido un hombre tanto más hombre, cuanto más unitaria sea su acción. Hay quien su vida toda no persigue sino un solo propósito, sea el que fuere." Miguel de Unamuno.







Los conocimientos que se adquieren en la práctica universitaria requieren de una revisión constante por parte de todas aquellas ramas del saber a las que se pueda echar mano por parte del investigador. Este constante estado de alimentación del conocimiento y feed back epistemológico permite que se pueda percibir el "avance" científico.




La Universidad como concepto va de la mano del concepto de "globalización" de los conocimientos y del saber humano –integrando en esta primigenia categoría al saber empírico, combustible inmanente de la antes mentada noción de "avance"-.




Ahora bien, si seguimos la idea de Toffler, se advierte que a nivel mundial una serie de fuerzas entran en colisión y se trata de transferir el poder político desde la nación – Estado a regiones y grupos subnacionales y desde la nación a agencias y organizaciones transnacionales originando el fraccionamiento de las naciones de alta tecnología en unidades cada vez más pequeñas y compartimentando el poder.



Ese, a nuestro entender, es el nuevo matiz de la llamada globalización, y lo que nos obliga a centrar una definición menos holística como la que resumió Laszlo cuando afirma que "somos parte de un sistema interconectado de la naturaleza, y a menos que informados "generalistas" asuman el empeño de elaborar teorías sistemáticas de las pautas de interconexión, nuestros proyectos de corto alcance y nuestra limitada capacidad de control pueden conducirnos a nuestra propia destrucción". Si bien, económicamente, es cierto que la fuerza eminente de las corporaciones transnacionales en la actualidad es la que logra imponerse, es necesario darse cuenta que las fuerzas que surgen desde abajo va ocasionando una suerte de erosión progresiva a las propias bases del "orden" reconocido. Refiriéndonos ciertamente a ese orden, al que Fukuyama le otorga la condición de irrebatible: la globalización.




La idea de que la universidad debe generar un círculo virtuoso y no vicioso del conocimiento debe mantenerse si o si para prevalecer en esta lucha de fuerzas a las que socialmente se enfrentan nuestras sociedades y en especial la sociedad peruana para salir de la postración y retraso no solo en lo económico sino en lo intelectual.




Tal vez la postración cultural de una sociedad no llame en demasía la atención debido a la velocidad y el vértigo con que otras muchas que se desarrollan o avanzan. Lo triste es que justamente nos encontremos en la que se encuentra detenida.




Es evidente que en el plano educativo, y con las precarias condiciones actuales del sistema universitario, debe de escudriñarse en la propia génesis institucional de la universidad la esencia para que se afronte con éxito las nuevas tendencias al cambio.



La universidad entendida como el templo del conocimiento nos enfrenta a la formación del nuevo profesional universitario que a diferencia del perfil inveterado generado por la escolástica clásica, en la actualidad y con miras al futuro debe preparar a personal caracterizado por el espíritu innovador. Toffler señala algo muy interesante al respecto: "El nuevo héroe no es ya un trabajador manual, un financiero o un directivo, sino el innovador (tanto si trabaja en una gran empresa como si es autónomo) que combina el conocimiento imaginativo con la acción".



Las escuelas de post grado tienen ante si el reto de esta formación, que como repetimos no es otra cosa que poner en marcha el feed back de la esencia universitaria pero con una orientación altamente progresista que sin perder de vista a los beneficios de lo local acuda a las exigencias de lo global, de lo mundial. La sociedad tecnológica es el reto para cada rama del saber humano.



En el plano jurídico no tiene porque ser distinto dado que el ordenamiento legal internacional que se produce por ejemplo en los diversos programas de integración de mercados, produce efectos en cada integrante por el mero efecto de lo sistémico. Es decir, se produce un nuevo plano jurídico mundial. Las normas de derecho también evolucionan y se genera la necesidad de que el derecho público y privado se actualice constantemente.



Los efectos de la globalización tienen una orientación mundial y ciertamente jurídica, que en muchos casos deben ser refrendadas por las naciones democráticas en proceso de integración.



Las nuevas figuras susceptibles de ser positivizadas emergen en los diversos planos del derecho: Derechos humanos, Penal, Civil , Familia, Comercial y de Contratos, Procesal, informático, genético, etc. para lo cual se debe entender que ya no se puede tratar el derecho en sentido "estático" dado que obviamente la democracia no es un orden fijo sino que se debe asumir como un conjunto de procesos cambiantes y es en este ámbito relativamente nuevo que va a desarrollar su trabajo el investigador social. Es el caso de las nuevas tendencias de protección a la naturaleza que permiten desagregar como bien jurídico al propio ecosistema global, cuando décadas atrás prácticamente no existía señal de alarma en materia ambiental, se asumía como innecesario y omnisciente la idea de eternidad de los recursos terrenales.



Del mismo modo en el plano genético, vienen en aumento las manipulaciones experimentales del genoma humano pero con tal sordidez que el propio derecho recurre a valores de índole moral como el derecho a la vida, al nombre, dignidad humana – que parecían ya anquilosados - para tratar de producir un efecto de contención o freno en este tipo de prácticas, con resultado infructuoso aun. Lo cierto es que el derecho no alcanza la velocidad de los avances tecnológicos.



Sorokin en sus disquisiciones sobre la sociología del conocimiento realiza un primer atisbo del fenómeno de la globalización y reconoce un "condicionamiento cultural" de todas las formas de creatividad mental que pueden ir desde las propias ciencias hasta las manifestaciones de arte.
En este orden "globalizado" actual, que atendemos mejor como no estático y dinámico, se debe asumir –siguiendo a Sorokin - ciertas premisas generales para su cabal entendimiento que deben pasar por:



a) Asimilar vehementemente aquellas formas de ciencia, filosofía, religión, artes, costumbres, formas de instituciones sociales que sean compatibles con el núcleo central de la civilización como sistema global.






b) Difusión, aprobación y actuación afortunada de todos los "productos mentales" compatibles en una cultura o civilización.

c) Rechazo y alejamiento de todas las formas de "productos mentales" que son contradictorios o incompatibles con un supersistema determinado.



d) Obstrucción, desaprobación y "existencia difícil" de todos los modelos incompatibles del arte, teorías científicas o religiosas, normas jurídicas y, prácticamente, de todos los "productos mentales" no compatibles.


e) Todo lo que quiere decir que cada supersistema de cultura o civilización fundamentalmente diferente posee su propio sistema de verdad, de belleza y bondad; su propio tipo de ciencia, filosofía, pintura y música o música....ética o política, distintos de otros sistemas culturalmente diferentes. Es decir, no se puede tener una perspectiva de lo global sin reconocer la trascendencia de lo local.



Así las cosas, las Escuelas de Post Grado deben de retomar el crisol del pensamiento universitario y dirigir cada vez con mayor énfasis su energía para resolver cuestiones sobre todo provenientes de la aparente situación de perplejidad y angustia reinante en las mentes rectoras de la cultura global ante el cambio constante.



Lamentablemente las escuelas de post grado deben recoger aun los deméritos y sufrimientos de la crisis de la universidad peruana acantonada desde hace varias décadas atrás.



Ya Pedro M. Oliveira en su discurso de apertura del año universitario de la UNMS en 1,910 sentenciaba: "La enseñanza en el Perú se distingue por su carácter inorgánico. Los institutos especiales, como la escuela del ingeniero y la escuela de agricultura, no mantiene relaciones de ningún género con la universidad; y los tres grados de instrucción pública viven aislados, como si pudieran desarrollarse independientemente los unos de los otros." 1,910 y la situación no solamente no ha cambiado sino que ha venido en franca desmejoría.



La década de los cincuenta y prácticamente para todo el resto del siglo XX se generó en el sistema universitario una parasitosis y anquilosamiento determinado por las ideologías de izquierda que luchaban dentro de la escuela universitaria como el mas preciado summun del poder y de la lucha de clases. Posteriormente, o debiéramos decir , a las postrimerías del siglo XX, se produce no solo en Perú sino en la vastedad de países de indoamérica una catarsis de la escolaridad en desmedro otra vez de la educación superior, tal y como bien describe el maestro Góngora Prado cuando dice " Las recetas del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial obligaron a la pasada dictadura a priorizar formalmente la educación primaria en desmedro y abandono de la universidad pública, con el argumento de que ésta "no cambiará nunca debido a su intensa politización".



Han pasado los años y los mismos globalizadores, desde 1996, vuelven la mirada a la universidad nacional porque se dan cuenta que es la única institución en el país que puede capacitar la mano de obra del "cholo barato peruano" a bajo costo, para que implementen su transferencia tecnológica con el máximo de ventajas competitivas".



Cierto es, entonces que las escuelas de post grado tienen ante si la necesidad de reflexionar sobre el tema universitario como formador del profesional eficaz, dinámico culto, pero respetando los principios esenciales de la fisonomía universitaria, teniendo - como rescata Cueto Fernandini – siempre presente el nisus formativus de las universidades, es decir: lo genérico, lo ecuménico, lo universal, en síntesis: descubrir, debatir y enseñar el conocimiento universal.



La corporación académica de maestros y alumnos que se constituyen en imperio del conocimiento universal según el postulado de Newton. A ella se le debe tener además como centro de lo ético, de lo moral y despojarse de condiciones políticas extrañas a su idea.



Ahora bien si la universidad peruana tenía una posición radicalmente apolítica – corporativamente hablando- al principio, después –como señalábamos anteriormente- pasó a tener una ebullición política casi total trastabillando ante las ideologías sobretodo partidarias, es decir, se pasó de un extremo a otro con efectos igualmente nefastos en ambos casos, veamos porqué. Primero que todo, la política universitaria esencial no puede dejar de abordar los fenómenos sociales en las que se desarrolla y la política es una muy importante. Y, segundo, tampoco puede centrarla como su objeto de atención cuasi absoluta porque se corría el riesgo de perder la óptica cientificista y de debate permanente y tolerante que les son inherentes.






Siempre mirando como norte el desarrollo del pensamiento científico como alternativa de solución primordial a los problemas de la vida humana en sociedad y su medio ambiente, desarrollando competencias en el hombre para autodirigir sus destinos. Es por ello que ahora se habla de la Universidad ya no como una "escuela de saberes" sino que hemos de referirnos a ella como una "escuela de competencias" que aprenda a conocer, saber y hacer solución de problemas sociales.




Las escuelas de post grado en una primera etapa, pese a que el embalse crítico de la problemática universitaria se da básicamente en el pre grado - embalse de problemas como la falta de conexión entre las diferentes currículos de estudios con la realidad regional, o pueblo- , son las llamadas a proveer alternativas de solución cada vez más pragmáticas.



Se tiene que a la universidad post moderna desde la perspectiva amplia de la sociedad tecnológica global pero con espíritu crítico, asumiendo la concepción dinámica del desarrollo social si caer en extremos radicales pero con atención a las velocidades del cambio.



Es pertinente referirnos en estos momentos de avance científico tecnológico globalizado a la formación profesional mediante la auténtica gestión de libertad de cátedra,que a fin de cuentas viene siendo reivindicada por los nuevos sistemas que pretenden proveer a la formación profesional del abogado con estudios de post grado no solo de los conocimientos vastos y sistematizados sobre determinada materia del derecho sino de las habilidades necesarias derivadas de la aplicación de dichos conocimientos en el mundo real. Y, en el mismo nivel, debe concurrir una aleación de valores ético-morales que impriman una actitud eficiente en el operador del derecho.
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Autor:
Carlos Alberto Pajuelo Beltrán